miércoles, 2 de enero de 2013

El Año Nuevo de Cáritas

Cáritas sigue siendo “Cáritas”: es decir, la entidad social española (e internacional), dependiente de la Iglesia católica, que ayuda a más pobres y necesitados en este momento. Y Cáritas tiene muy claro lo que debe seguir siendo: no una entidad burocrática y fría, sino el rostro y las manos tendidas del Dios-Amor hacia los pobres.

¿Son agradecidos los pobres? Lo son. Pero, aunque no lo fueran, los pobres son la denuncia permanente de nuestros propios pecados y los de una sociedad injusta. Nadie está exento, a priori, de caer en la exclusión por enfermedad, reveses de fortuna, por propia culpa o por culpa ajena. Pero a los pobres, como decía el buen Maestro, se les anuncia la “buena noticia” con obras y amores: ayudando a ver a los ciegos y a caminar a los cojos. Los excluidos deben ser evangelizados con obras solidarias, ya que las meras palabras se las lleva el viento y la helada del egoísmo, que este sí que es un cáncer con metástasis bien extendida. De lo contrario, ¿cómo hacer visible el rostro del Dios y Padre de todos los hombres?

Cáritas ha movilizado últimamente aquí en España -son estadísticas suyas- nada menos que a 64.251 voluntarios. Más, que en años anteriores. Diríase que a más sangría social, más remedios, más movilización ciudadana y más conciencia cristiana. Así debe ser.


Todo su trabajo Cáritas lo ha hecho ordenadamente, a través de 6000 Cáritas parroquiales y dentro de las 68 Cáritas diocesanas, que aproximadamente tiene la organización, repartidas por toda España. Sin hacer más reflexiones, y a la vista de estos datos, sería ya motivo suficiente para darle gracias a Dios y no desesperar de la humanidad.

¿Pero qué nos pide Cáritas, metidos en el Año Nuevo? A las comunidades cristianas les pide que sigan siendo generosas. A la sociedad le dice que, si solidariamente nos damos la mano, habrá menos manos pidiendo pan. A las instituciones económicas (públicas y privadas) les recuerda que la gratuidad es lo más grande y hermoso, cuando la crisis aprieta en un país, sea el que sea. Y es que los resultados económicos, aun siendo importantes, no son el único criterio para funcionar en Cáritas. Es más importante hacer las cosas bien, como las hacía Jesús: ser discretos en la ayuda, para no humillar; actuar sin alardes; dar con una sonrisa y hacerlo siempre, con cariño y respeto.

¿Y a los gobiernos? A los gobiernos Cáritas les dice: Las políticas que favorezcan a los pobres y necesitados, en cualquier país avanzado, deberían ser prioritarias. Hay que tener en cuenta que los “últimos” no han provocado la crisis. Por el contrario, la ambición de algunas clases sociales, el descontrol y la avaricia de los bancos y de ciertos banqueros sin escrúpulos, son los que nos han conducido a este desastre. Añadan ustedes políticos corruptos y ciudadanos educados (o deseducados) para derrochar. Pero los pobres son los que menos culpa tienen en este desaguisado de la recesión económica y moral que padecemos. No deja de ser curioso que las clases altas no hayan conocido todavía la crisis; las clases medias la estén sufriendo como nunca, y las clases menos afortunadas (o bajas) estén peor que lo que estaban, que ya es decir. Algunos emigrantes vuelven, desilusionados, a sus países. Y aumentan los parados de corta, larga y media duración, que, cada semana, hacen cola en el reparto parroquial de Cáritas.

Pues bien, mientras mercados y políticas se ponen de acuerdo, Cáritas sigue ahí. Y ahí seguirá, en el Año Nuevo, haciendo honor a la palabra “amor”, poniendo competencia en sus empleados y una palabra alentadora, dirigida a los que van llegando, que son cada vez más.